Día de las Vocaciones Jesuitas: 6 testimonios en los dos extremos del camino

Hoy se conmemora un nuevo día de las Vocaciones Jesuitas. Y para conmemorarlo hemos querido ir a los dos extremos de este camino.

Conversamos con tres pre-novicios, Juan, Jaime y Neftalí, quienes están en una etapa de discernimiento previa a entrar a la Compañía de Jesús, inmersos en una comunidad jesuita que les permita conocer desde adentro cómo es la vida de un jesuita.

Y, paralelamente, a modo de contraste, entrevistamos a tres jesuitas que llevan más de 50 años en la Compañía de Jesús. Emilio Vergara sj, quien hace 79 años ingresó a la Compañía de Jesús con el Padre Hurtado como acompañante, Sergio Elizalde, que recientemente cumplió 69 años como jesuita y Carlos Montero, quien hace 56 años, luego de terminar sus estudios de derecho, entró al Noviciado para ser jesuita.

Seis historias distintas, en momentos muy distintos de la vida, que nos permiten seguir conociendo testimonios sobre la vocación jesuita, una vocación que es para toda la vida. No te pierda este material especial.

Emilio Vergara sj: «Ha pasado una vida en la Compañía y la consigna es la misma: echarle pa’ adelante»

El padre Emilio Vergara sj tiene 96 años.

Han pasado 79 años desde que ingresó a la Compañía de Jesús acompañado por el Padre Hurtado, ¿Cómo ha sido vivir esta vocación tanto tiempo?

Bueno, evidentemente que ha pasado toda una vida. Lo que es la vida por una vocación que he vivido con entusiasmo y con una especie de consigna, échale para adelante, sigue para adelante con este impulso, con esta gracia del señor, eso es lo que nos ayuda. Entonces es, continuamente dando gracias que está esa ayuda de Dios siguiendo ese llamado que realmente lo seguí con mucho cariño. 

Imagino que, en casi 80 años, han existido momentos de duda, momentos en que la vocación se ve trastocada, ¿Cómo se enfrentan esos momentos? ¿Cómo se cuida la vocacion?

Bueno, digamos que en esos momentos, siempre en realidad, está esta gran confianza en que Dios es un padre, un padre que nos quiere, que nos cuida. Entonces toda esta confianza en el Señor es lo que va ayudando. Hay que tomar este sentido de fe de cómo es nuestra vida como hijos de un Dios que nos ama como un padre. Es, en definitiva, este sentido profundo el que nos ayuda en toda esta vivencia y en los momentos de crisis es cuando aflora mucho más fuerte la consigna échale pa’ delante. 

Usted ha contado que su padre no estaba de acuerdo con que ingresara a la Compañía y tuvo que «fugarse» para poder ingresar, ¿Qué recuerdos tiene de esa época?

Eso es así, tuve que fugarme y me fui al Noviciado con el Padre Hurtado al volante. Afortunadamente, 14 días después de que ingresé, mis padres me visitaron y se alegraron del camino que estaba tomando. Los recuerdos que tengo de esa época son muy bonitos, el haber tenido a Alberto Hurtado como acompañante, el haber sido muy buenos amigos, es algo que recuerdo con mucho cariño. Todo me ayudó mucho en esa etapa de preparación para la vocación que he seguido durante toda mi vida.

¿Qué le diría a un joven que siente un llamado a la vocación religiosa, pero que al mismo tiempo sienten temores o perciben resistencia de su entorno?

Bueno, ahí nuevamente cobra sentido esto que le decía antes, esto de poder ver la gracia de Dios. Se trata de descubrir que somos débiles y que las inquietudes o temores son normales, ya que la fuerza para ingresar no viene solo de nosotros mismos, sino que es una fuerza que también viene del Señor, Dios siempre nos va a ayudar en los procesos de discernimiento.

Neftalí Bahamonde (Pre-Novicio): «Las páginas de mi historia muestran y confirman la fiel presencia de Jesús»

¿Qué significa para ti discernir la vocación religiosa en un contexto como éste, en el que pareciera que las señales de nuestro entorno apuntan en otra dirección?

 Como parte de la sociedad he ponderado las múltiples opciones y la llamada a compartir la vocación con otros es lo que más sentido y realización me causa. Tengo presente que la llamada es personal, ha de ser vivida con y para los demás. Porque cabe la posibilidad de vivir la vocación religiosa de forma individualista, lo cual dejaría sin sentido el llamado. Por otra parte está el compromiso perdurable, que para mí se asienta en la fidelidad de Dios para conmigo, ello expresado con la familia tal cual que me toco, en las distintas experiencias, buenas y no tan buenas, a las personas que han sido un regalo en mi vida. Todo ello como páginas en mi historia muestran y confirman la fiel presencia de Jesús.

¿Cómo estás viviendo este proceso de discernimiento? ¿Cuáles son las claves para llevar adelante esta etapa?

 Un proceso que trato de vivirlo desde la gratitud y de forma compartida. Uno va contrastando en diferentes instancias, ya sea en el acompañamiento espiritual, con el encargado del equipo de vocaciones, en la experiencia comunitaria, la oración. En ello veo las claves

¿Cuáles han sido las pistas que te han ido aclarando que el camino para desarrollar tu vocación puede estar en la Compañía de Jesús? ¿En qué momento has descubierto que esta es una opción real?

 Las pistas que podría señalar: una llamada a en Todo amar y servir en la Compañía de Jesús; una búsqueda del discernimiento en todos los ámbitos; un redescubrimiento de la fe como relación personal con Jesús; y ello relacionado con una llamada a vivir la justicia. Han sido momentos que progresivamente me han señalado la realidad de esta opción

En estas semanas que llevas viviendo en una comunidad jesuita, ¿qué has descubierto o aprendido de la vida religiosa jesuita?

 He descubierto una comunidad acogedora, personas que dicen lo que piensan, se escuchan, discrepan. Tiene muchas responsabilidades y aún así se dan tiempo para compartir. Hay mucho sentido del humor

Carlos Montero SJ: «La vocación hay que cultivarla y cuidarla de un modo activo»

Carlos Montero sj ingresó a la Compañía de Jesús hace 56 años

Si viajamos en el tiempo y echamos un vistazo a ese Carlos Montero que estaba entrando a la Compañía de Jesús y luego lo comparamos con el jesuita actual, ¿Cómo ha cambiado su vocación?

Cada año, cuando hago los 8 días de EE, traigo a la memoria el proceso de mi vocación a la Compañía. Invariablemente, durante estos ya 56 años, el sentimiento es el mismo: por una parte, la constatación de que el “llamado” a ingresar a la Compañía es obra de Dios. De eso tengo una seguridad absoluta y nunca la he puesto en duda. Y, por otra parte, que mi respuesta a ese llamado fue fruto de un largo discernimiento que duró más de 6 años (ingresé al Noviciado a los 26 años, después de haber estudiado Derecho en la U. de Chile).

Esta seguridad de que mi vocación es un llamado de Dios, y el prolongado discernimiento para responder a ese llamado, siento que es lo que me ha permitido mantenerme estable en el camino emprendido. Nunca he dudado que estoy en lo que Dios quiere que esté. Ciertamente muchas cosas han cambiado en mi vida desde aquel marzo de 1964: lugares de residencia, compañeros de camino, apostolados, personas con las que me he ido relacionando, lugares de estudio… etc., pero todo eso no ha afectado el “alma” de mi vocación. Y las pequeñas dificultades que he tenido que enfrentar en el camino, no han hecho mella en esta trayectoria. Esto es algo que permanentemente agradezco al Señor, porque siento que es una gran gracia, especialmente en los tiempos que vivimos en la actualidad.

A veces cometemos el error de pensar que la vocación es una decisión puntual, en vez de un camino permanente. ¿Cómo se trabaja el cuidado de la vocación? ¿Cómo se enfrentan las tormentas y momentos de duda?

No me cabe duda que la vocación es un tesoro que llevamos en vasijas de barro. Constantemente experimento los asedios y peligros a los que está expuesto ese tesoro. Por lo mismo, es algo que debo cuidar, empleando los medios adecuados. San Ignacio, en los EE, nos ha dejado una herramienta indispensable para ese cuidado: me refiero al “examen”. Es aquel momento del día en el que, en oración, discierno lo que he vivido en la jornada que termina. Allí me “tomo el pulso” para ver cómo estoy, qué es lo que debo agradecer, qué debo corregir, qué conviene potenciar… Esto, realizado diariamente, me mantiene alerta y vigilante. Por supuesto que cuando surgen amenazas de grueso calibre, o que no sé cómo enfrentar, lo que hago es recurrir a alguien que me ayude a discernir lo que me está afectando.

Además de lo señalado, me ayudan las lecturas espirituales y todas las instancias de formación permanente, sea charlas, cursos, lecturas, etc. Lo importante es no dar la vocación como algo acabado, realizado, sino como un bien que se cultiva, se cuida y se protege de un modo activo. Al fin de cuentas, la vocación es lo que nos define, lo que nos da identidad y lo que nos sitúa en la vida. Pienso que, si eso se deteriora, se malogra lo más esencial de mi ser.

Si hacemos el ejercicio de comparar, como líneas paralelas, las proyecciones que hacía cuando entró a la Compañía con lo que realmente ha sido su vida como jesuita, ¿Qué proyecciones se han cumplido? ¿Qué sorpresas han aparecido en el camino?

Cuando ingresé al Noviciado estaba realizando un apostolado con jóvenes del barrio donde vivía. Era una especie de catequesis elemental y “acompañamiento” personal con algunos de ellos. Esta experiencia fue determinante para definir mi vocación. Por lo mismo, vinculaba mucho mi deseo de ser jesuita con el deseo de dedicarme de preferencia a la formación de los jóvenes en la fe y su compromiso como cristianos. Mis formadores y superiores captaron muy bien esa especie de carisma y me destinaron a ese campo apostólico de la Compañía en Chile. Fue así como, tres años antes de ordenarme como sacerdote, fui destinado a colaborar en la pastoral del Colegio San Ignacio Alonso Ovalle. Fui profesor de filosofía y religión, profesor jefe de varias generaciones de E. Media, capellán, asesor de varias comunidades de CVX, capellán scout, jefe de Pastoral, acompañé a muchos estudiantes en “retiros”, campamentos y experiencias formativas… En realidad, esos años en el Colegio fueron los más plenos en mi vida como jesuita. Me sentía como “pez en el agua”, realizando lo que sentía (y siento) que es la concreción de mi vocación. A partir de 1996 fui destinado a la Residencia de Valparaíso. Y allí se amplió mi horizonte apostólico, ya que, aparte de seguir acompañando a jóvenes en la pastoral de la U. Católica de Valpo., lo hice con jóvenes de CVX y de una parroquia de Villa Alemana. También acompañé a jóvenes voluntarios del Hogar de Cristo. Al transformarse la Residencia de Valpo. en Noviciado, volví a mis antiguas canchas del Colegio San Ignacio, donde estoy hasta el presente, sirviendo como capellán en cursos del Tercer Ciclo. En síntesis: mis anhelos al ingresar al Noviciado, de trabajar en la formación y acompañamiento de jóvenes, se ha realizado plenamente y sin mayores sorpresas.

¿Qué le diría a un joven que siente un llamado a la vocación religiosa, pero paralelamente tiene inquietudes y miedos que le impiden tomar una decisión?

A un joven que está en esa situación le diría tres cosas:

            a) Lo primero, es que debe asegurarse que ese llamado que siente es realmente un llamado de Dios. Para eso, recurrir a los criterios que san Ignacio nos presenta en los EE para hacer una “sana y buena elección”. Son elementos que Ignacio nos ofrece para hacer un buen discernimiento de esas “mociones”. Yo los usé para aclarar mi vocación y me ayudaron mucho.

            b) Lo segundo, es ayudarse por un acompañante espiritual que lo guíe en ese discernimiento. También, para que le ayude a enfrentar los temores e inquietudes que le impiden tomar una decisión. Esto es muy importante y necesario, porque habitualmente el “mal espíritu” presenta obstáculos y temores falsos, o aparentes. Y eso nos enreda y paraliza. Por lo mismo, ayuda mucho una mirada externa que nos permita objetivar esos temores. El acompañante es una ayuda indispensable para hacer un buen discernimiento de esas inquietudes y temores.

            c) Y lo tercero, que es indispensable, que haga mucha oración pidiendo al Señor fe y confianza en Él. También, que pida a Dios le permita crecer en libertad interior para liberarse de apegos o afectos que le impidan acoger lo que Dios le pide. Para todo esto, le servirá mucho hacer unos días de EE.

Juan Echaurren (Pre-Novicio): «Me siento ligero de equipaje y disponible para dejarme permear por Dios en cada una de las experiencias»

¿Qué significa para ti discernir la vocación religiosa en un contexto como éste, en el que pareciera que las señales de nuestro entorno apuntan en otra dirección?

Vivimos en una sociedad que no se encuentra ni se mira, y, por lo tanto, muchas veces no somos capaces de experimentar ni percibir situaciones compartidas en profundidad. Así es como creemos tener la respuesta a los diversos problemas por nosotros mismos.

Con ello, estar viviendo el discernimiento en este momento es un tremendo regalo, porque para mí implica poner una pausa –necesaria- para releer mi historia con todo lo que eso significa, reconociendo diferentes experiencias con otros, y desde ahí, tomar distancia para entender cómo se reflejó cada momento a lo largo de mi formación. Es así como logro sentir y reconocer, con honestidad y prudencia, la presencia de Dios para ir viviendo y disfrutando este proceso.

¿Cómo estás viviendo este proceso de discernimiento? ¿Cuáles son las claves para llevar adelante esta etapa?

Rezar, permitirme la entrega gratuita, vivir genuinamente abierto a diversas las emociones y sentimientos y conversar con diferentes personas, entre ellos; mi acompañante, el encargado de vocaciones, los otros prenovicios, los de la comunidad Oscar Romero donde estoy viviendo ahora, los vecinos y dirigentes del barrio, y las personas del albergue al cual estoy visitando.

De esta manera, la clave ha sido (intentar) dejar y liberarme de mis proyectos personales, y tratar de buscar, descubrir y encontrar a Jesús en cada uno de estos momentos. Esto me deja aprovechar el día a día sin planificar el mañana, razonando que el espacio donde estoy ahora es el mejor donde me puedo encontrar.

¿Cuáles han sido las pistas que te han ido aclarando que el camino para desarrollar tu vocación puede estar en la Compañía de Jesús? ¿En qué momento has descubierto que esta es una opción real?

Desde el primer minuto que abrí la pregunta, siempre supe que la búsqueda vocacional sería con la Compañía de Jesús, por la manera en que veo –y hoy se me confirma- el cómo viven la espiritualidad y la vida religiosa, desde lo más cotidiano, hasta la profundidad que se expresa en la diversidad de misiones e iniciativas que desarrollan con las comunidades.

Una de las pistas fueron los ejercicios espirituales desde la vida cotidiana, que me permitió, entre muchas otras cosas, ordenar prácticamente todos los elementos de mi vida, que se alinean a lo que estoy buscando y encuentro, y desde ahí ser capaz de entender diferentes experiencias con Dios, que antes no había sido consciente.

Con ello, el momento clave para determinar que quería esta opción, es cuando evidencio que las respuestas a las inquietudes que tengo/tenía las encontraría en Dios y en este modo de vida, situación que se transformó en un deseo ferviente por seguir radicalmente la vida de Jesús, que a su vez me permite mi desarrollo pleno y auténtico.

En estas semanas que llevas viviendo en una comunidad jesuita, ¿qué has descubierto o aprendido de la vida religiosa jesuita?

Lo primero es que me siento hallado, en un espacio cómodo y de mucha consolación. Esto ha implicado que pueda disfrutar profundamente cada día, donde la oración y la misa diaria, en conjunto al apostolado, han sido clave para ir teniendo lucidez y claridad en el discernimiento. Lo segundo es que me siento liviano, ligero de equipaje y disponible para dejarme permear por Dios en cada una de las experiencias.

De lo aprendido, lo principal está en tener presente a Jesús en la vida cotidiana, desde que despierto hasta que me acuesto, concibiendo el día a partir de cada uno de los momentos vividos y descubrir a Dios en lo frágil y en el otro. Sin duda, una tremenda oportunidad que me permite tener capacidad de asombro por lo sencillo y en lo que para algunos podría ser insignificante.

Sergio Elizalde sj: «Si volviera a nacer, volvería a entrar a la Compañía»

¿Qué ha pasado con la vocación de Serio Elizalde sj durante estos 69 años como jesuita? ¿Ha cambiado?

Mi vocación, es decir, mi convicción de que debo amar y servir a Dios en la Compañía sigue siendo tan fresca y firme como fue en 1951, pero el modo de vivirla y ponerla en acción ha ido cambiando con mi historia personal y con las circunstancias históricas propias de los 69 últimos años… Sería largo enumerarlas en detalle.

¿Cómo se trabaja el cuidado de la vocación? ¿Cómo se enfrentan las tormentas y momentos de duda?

Ambas preguntas tienen una misma repuesta. Las claves son la familiaridad con el Dios vivo en la oración, la ayuda de un guía espiritual, los buenos amigos jesuitas y laicos, el ambiente de nuestras comunidades. En esas cosas ha estado mi principal apoyo y ayuda.

¿Ha podido realizar las proyecciones que tenía cuando ingresó a la Compañía?

Yo entré a la Compañía para ser feliz y he sido y soy feliz. Si naciera de nuevo, entraría a la Compañía de nuevo. No han existido grandes sorpresas dentro de la Compañía, pero sí he sido testigo de sorpresivos y grandes cambios culturales a nivel mundial. Hablo del abandono de Dios, la deserción de la Iglesia, la pérdida de los valores propios del pueblo chileno. Lo que sí rescato son los innumerables avances técnicos y médicos.  

¿Qué le diría a un joven que siente un llamado a la vocación religiosa, pero paralelamente tiene inquietudes y miedos que le impiden tomar una decisión?

Le diría algo muy simple: el miedo es el mayor enemigo de los seres humanos. El ser jesuita no es una decisión que pueda tomarse desde el miedo, por lo que, si prevalecen, este no será el mejor lugar.

Jaime Teuquil (Pre-Novicio): «La vocación es algo que sorprende, inquieta, despierta, que te saca de las comodidades»

¿Qué significa para ti discernir la vocación religiosa en un contexto como éste, en el que pareciera que las señales de nuestro entorno apuntan en otra dirección?

En el fondo, se vive la vocación como un regalo. Se recibe este regalo con todo lo que significa. Viene como algo que uno no espera: sorprende, inquieta, despierta, saca de las comodidades y así, con todo, consuela y ese consuelo confirma porque enseña a confiar. En ese sentido, este regalo se encarna en medio del mundo del que soy parte y, por lo mismo, discernir la vocación religiosa en un contexto como este me mueve, sencillamente, a permanecer fiel a este deseo que viene del Señor: darse, porque en ese darse hay una plenitud que se comparte.

Así, con todo lo que somos, nuestras vidas (y la de muchos!) apuntan, invitan e indican el sentido último de todos los sentidos: a Dios-al Amor y eso apela a lo más profundo del contexto, al corazón de todos los contextos: al corazón del hombre.

¿Cómo estás viviendo este proceso de discernimiento? ¿Cuáles son las claves para llevar adelante esta etapa?

Simplemente, trato de ser fiel cada día: la vida comunitaria, el apostolado, la vida de oración. El compartir gratuito y sencillo de la vida cotidiana enseña mucho cada día cuando uno permanece atento. El propio corazón va encontrando aquello por donde el Señor pasa.

En este sentido, creo que es clave mantenerse en una actitud de escucha. Para ello la oración es fundamental. En ese encuentro sencillo con el Señor se fecunda el encuentro cotidiano con la realidad y se la puede contemplar con mayor lucidez. En ese encuentro tiene cabida el ahondar en la propia verdad, la de los hermanos con los que se comparte cotidianamente y también la realidad de lo que ocurre en medio del mundo: estoy convencido de que el corazón de la contingencia se encarna en el corazón de cada persona. Dios está ahí, aquí!

¿Cuáles han sido las pistas que te han ido aclarando que el camino para desarrollar tu vocación puede estar en la Compañía de Jesús? ¿En qué momento has descubierto que esta es una opción real?

Yo creo que la mayor de las pistas las he vivido en sencillos encuentros con la vida de muchos. Sobre todo, en el compartir gratuito con muchos jóvenes con los que he trabajado en la CVX. En esos encuentros también descubría en mí el deseo de estar presente, de ayudarlos a escucharse, a entenderse, el deseo de acompañarles. En el fondo, el deseo de acompañarse en el sueño de Dios para el hombre, que es el deseo más hondo de todos nosotros: esa plenitud a la que caminamos juntos.

En esos encuentros ha pasado el Señor por mi vida a través de las vidas de muchos. La lectura de los textos de Ignacio, de Fabro y de otros jesuitas me han ayudado a descubrir un modo de encarnar este deseo. Lo mismo en el compartir la amistad con muchos jesuitas que me han mostrado, con sus vidas, que este camino está lleno de sentido.

En estas semanas que llevas viviendo en una comunidad jesuita, ¿qué has descubierto o aprendido de la vida religiosa jesuita?

Muchas cosas… pero, ante todo, he sido testigo de una fidelidad sencilla que se vive cada día en la entrega en las distintas tareas que la misión propone. Esa fidelidad les hace vivir contentos y con libertad. Yo creo que esa alegría viene por el hecho de mantenerse fieles al deseo que una vez les movió a entregar la vida al Señor en la Compañía. Creo que las vidas de los jesuitas con los que estoy compartiendo la vida estos días, son, en el fondo, testimonio de la fidelidad del Señor para con ellos y para con muchos.