Francisco Jiménez sj: «Dios, oración y precariedad»

Columna de Francisco Jiménez sj

Estamos acostumbrados a cierta exuberancia. A esperar que la realidad, que nuestros papás, que los supermercados, que la naturaleza, nos llenen de frutos, sorpresas y regalos. Somos parte de una cultura del consumo familiarizada con la abundancia. Unos más, otros menos, la avidez no conoce clases sociales: el deseo de tener cada vez más y lo más rápido posible es transversal gracias al desarrollo industrial y tecnológico y al impulso comercial de los medios masivos de comunicación, el internet y la publicidad.

Lo interesante es que la cuarentena nos ha puesto a todos a régimen. Nos ha quitado el espacio, nos ha limitado las salidas, las compras, los panoramas. Y eso, que es bastante desagradable, está abriendo una compuerta que teníamos muy cerrada y que explorarla nos hará bien. La exuberancia es muy atractiva. Es apasionante. Sin embargo, la falta, la ausencia, la necesidad también pueden serlo. Experimentar el límite no necesariamente tiene que ser desgarrador. Puede, por el contrario, hacernos descubrir puntos ciegos en nuestra vida o desarrollar musculatura fofa en nuestro aparato espiritual.

Concédeme un poco menos

con cada amanecer:

colores, un hálito de viento,

la perfección de las sombras,

hasta que solo encuentre

lo que ya estaba ahí:

el oro en los surcos de mis manos

y la luz de la noche, que arde.

Oración
John Burnside

John Burnside es un poeta escosés contemporáneo que escribió este sencillo poema en que le pide a Dios un poco menos para encontrar lo que ya está presente. Es una idea bonita. Quizá nuestra avidez por pedir y exigir nos hace ciegos a lo que ya tenemos. Puede ser. Sin embargo, lo que me parece seductor del poema es una experiencia contigua: quizá Dios siempre nos da ese “menos”. Pedimos bastante, pero tengo la impresión de que DIos nos entrega menos de lo que pedimos.

Un dato interesante: plegaria viene de la forma femenina del latín tardío precario, es decir, pobre, exiguo, provisional. Y precario a su vez viene del latin praex que significa ruego, petición, súplica. Es interesante, hay algo circular en estas dos palabras. (http://etimologias.dechile.net/?plegaria). Por un lado, la oración es precaria porque es pronunciada por quien se siente pobre, necesitado. Pero por otro, es precaria porque sus resultados son escasos. Lo que se recibe es poco, es exiguo en la vida, es apenas suficiente. El filósofo italiano Giorgio Agamben, en su libro el Fuego y el Relato, dice que el fruto de la la plegaria es frágil y aventurero. Lo dice porque esa escasez nos moviliza, nos pone en búsqueda en medio de la oscuridad y la penumbra.

Si lo que recibimos en la oracion es precario, ¿para qué rezamos entonces?. Es buena pregunta. Ciertamente si la respuesta es pobre, mejor busco por otros medios lo que deseo. Eso es verdad. El punto es que no rezo, no me comunico con Dios, para conseguir cosas, ni para obtener riqueza u holgura. Dios no entra en la lógica del supermercado en la relación. El pidan y se os dará (Mt 7,7) es cierto, pero habría que precisar que se les dará de manera exigua. La experiencia dice que Dios da más bien poco a través de la oración.

Comprender esto quizá nos pueda ayudar a asimilar una verdad más pesada aún: la realidad es precaria. Todo lo que nos rodea, nuestro cuerpo, nuestras instituciones, nuestros padres, nuestras ideas, nuestros valores, la naturaleza, TODO, TODO, es frágil y aventurero. No hay nada que nos sostenga realmente. Todo se puede quebrar si ponemos demasiado peso encima. La pandemia nos ha mostrado esto con angustia, ni los países llamados ricos han podido hacerle frente, todos los sistemas de salud, hasta los más desarrollados y tecnológicos, no han dado el ancho. Esto es algo que en nuestra sociedad compleja,  productiva y tecnológica, se nos había olvidado. Todo se puede desbarrancar de un momento a otro. Simon Weil dice que la vida humana es imposible, y que la desgracia logra que lo sintamos. Es una idea dura. Pero tiene ese aspecto de verdad que se nos había escapado.

No sé si la vida humana es imposible. Lo que sí veo es que estamos pasando un momento duro y que para muchas personas la sobrevivencia se está haciendo cuesta arriba. Reconciliarme con la precariedad del mundo puede conectarme también con su trascendencia. La oración puede cobrar sentido ahora, ya no como cajero automático, sino como un leve hilo invisible. La oración es un leve hilo invisible que lanzamos hacia el misterio, o que nos es lanzado desde el más allá, y que nos ayuda a no sucumbir en medio de la fragilidad. Este hilito frágil que mantiene nuestro tenue vínculo con el Misterio es nostalgia y anhelo, se trata del eco interior, personal y comunitario, de que lo humano es más auténtico y profundo mientras más conectado está con su origen y con su final. Cristo es para nosotros esa nostalgia del origen y ese anhelo del futuro que vendrá. Él es ese hilito que nos permite vivir el presente precario y frágil de una manera aventurera, sin desfaceller ante lo imposible de cada día.

Pero no hay que olvidar: la misma relación con Cristo es una relación precaria. Mejor no poner la esperanza en que estaremos “llenos” de Cristo. Hay algo de fantasía pueril en eso. La comunicación con el Misterio siempre es precaria. Pende de un pelo. Se conecta y se desconecta cientos de veces al día como nos pasa con el internet. Y si somos honestos, ¡todas nuestras relaciones son precarias! Pero qué importa. En la precariedad se gusta el misterio y se abre lo nuevo.