Manifiesto de Vocación: Rubén Morgado SJ

El teatro es como una segunda piel. Yo empiezo a entender algo cuando entra el teatro en juego, antes de eso me cuesta profundizarlo. Me he metido en temas de género gracias al teatro, también me he involucrado en temas de migración gracias al teatro. Entiendo el mundo desde ahí y ha estado vinculado a mi vocación sacerdotal. Percibo el mundo desde la perspectiva de los dramas, de las tensiones que hay, de los motores, de los personajes.

Me dicen Chuqui. El que meconoció hace un tiempo me dice así, porque nací en Chuquicamata. Hoy se ha ido perdiendo un poco el apodo. Sigo teniendo familia en el norte, pero voy poco. A Antofagasta, por ejemplo, donde tengo familia, no voy hace 10 años. Tengo un arraigo en el sentido de que es un lugar significativo.

Soy hincha de Cobreloa. A pesar de que esté en la B, sigo siendo de Cobreloa. Uno es hincha del equipo. Siempre promete con ascender, siempre se juega esa opción, pero al final no sube. Igual, no es que ordene mi vida en atención al fútbol ni tampoco voy al estadio. Me gusta ver los partidos.

Cuando entré a la Compañía hubo de todo. Mi mamá tuvo pena porque me iba de la casa. Mi papá fue como “qué hicimos mal”. Mis amigos algunos quedaron extrañados y otros me dieron mucho apoyo también. Hubo uno que me dijo casi que no podía seguir siendo mi amigo. Mis amigos más cercanos lo esperaban un poco porque estaba metido en muchas cosas sociales, pero había gente que no lo venía venir y se sorprendió mucho.

Hago yoga 2 o 3 veces a la semana. Llegué al  yoga porque a la vuelta de Amazonas me di cuenta de que estaba mal de salud. Pesaba lo mismo que a los 17 años y tenía miedo de tener una enfermedad degenerativa que tenía mi mamá, entonces la única manera de prevenirla es tener masa muscular. Empecé a hacer y después me fui metiendo.

Estudiando Derecho aprendí del ser humano. En esa época nosotros éramos “partners”, eramos compañeros y el enemigo era el profesor. Hoy me llama la atención que en la vida universitaria el enemigo es tu compañero. Aprendí la solidaridad, los compañeros más secos, aunque no fueran tan cercanos, le prestaban sus apuntes a todo el mundo.

En Amazonas forjé buena parte del jesuita que soy. Esos dos años de magisterio fueron determinantes para lo que siguió, para lo que ha venido después. Salir de la Provincia y mirarla desde afuera me otorgó una libertad mayor sobre ciertas cosas. Amazonas es un lugar muy importante y significativo para mí, un lugar al que vuelvo mucho.

En la universidad carreteaba mucho. Tenía una vida muy normal y activa, porque viví intensamente cada cosa. El carrete, los amigos, el apostolado, la vida espiritual, todas esas cosas las viví con mucha intensidad. Era muy feliz, pero no quería ser cura. Quería vivir mi compromiso cristiano, quería ser buena gente.

Me gusta mucho Sig Ragga. Es un grupo argentino de reggae muy desconocido, pero muy bueno. Lo conocí trabajando en teatro con uno de los músicos. También me gustan The Cure, Pedro Aznar y Charly García. Uso mucho las letras de las canciones para escribir teatro, me fijo mucho las letras.

Jorge Díaz sj era uno de mis referentes. Desde cabro chico que nunca tuve grandes referentes, era difícil que pesque a alguien, pero en la compañía he tenido dos: Jorge Díaz y Pablo Concha. Fue muy dura la partida de Jorge. Fue inesperada y esperada, porque sabíamos que en cualquier momento podía pasar, pero cualquier momento no tenía que ser la semana pasada. Como referente de vida está Mandela. Me gusta porque es frágil, no es solamente un “huevón” crack.